El vicio
de la corrupción socava el desarrollo social y político
de los pueblos. Es un fenómeno creciente que va penetrando insidiosamente
en muchos sectores de la sociedad, burlándose de la ley e ignorando
las normas de justicia y de verdad.
La corrupción es difícil de contrarrestar, porque adopta
múltiples formas; sofocada en un área, rebrota a veces en
otra. El hecho mismo de denunciarla requiere valor. Para erradicarla se
necesita, junto con la voluntad tenaz de las autoridades, la colaboración
generosa de todos los ciudadanos, sostenidos por una fuerte conciencia
moral.
Una gran responsabilidad en esta batalla recae sobre las personas que
tienen cargos públicos. Es cometido suyo empeñarse en una
ecuánime aplicación de la ley y en la transparencia de todos
los actos de la administración pública.
El Estado al servicio de los ciudadanos, es el gestor de los bienes del
pueblo, que debe administrar en vista del bien común. El buen gobierno
requiere el control puntual y la corrección plena de todas las
transacciones económicas y financieras. De ninguna manera se puede
permitir --como ha ocurrido entre nosotros en el Perú- que los
recursos destinados al bien público sirvan a otros intereses de
carácter privado e incluso criminal.
El uso fraudulento del dinero público castiga sobre todo a los
pobres, que son los primeros en sufrir la privación de los servicios
básicos e indispensables para el desarrollo de la persona. Cuando
la corrupción se introduce en la administración de la justicia,
son también los pobres los que han de soportar con mayor rigor
las consecuencias: retrasos, ineficiencia, carencias estructurales, ausencia
de una defensa adecuada.
Estas consideraciones éticas las he asumido del mensaje del Santo
Padre Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Paz del año 1998.
Señor Presidente, usted ha querido llamarnos para constituir este
grupo de trabajo de Iniciativa Nacional Anticorrupción que ha de
formular un diagnóstico sobre la corrupción en nuestro país
y promover una agenda nacional de lucha contra la corrupción a
través de lineamientos de políticas públicas.
No es fácil la tarea que se nos ha confiado y en un plazo de tiempo
corto; pero en el compromiso que estamos asumiendo y que usted mismo lidera
ejemplarmente, no solo involucra a nuestras personas sino a todos los
ciudadanos y ciudadanas del Perú: Estado, sociedad civil, grupos
políticos, autoridades, fuerzas armadas, policía nacional
y la ciudadanía toda.
Para eso estamos aquí respondiendo a su invitación y para
alcanzarle Señor Presidente el primer esbozo de un plan y un compromiso
ético por el Perú contra la corrupción que ha socavado
nuestra sociedad y nuestras instituciones públicas. Esta primera
entrega todavía germinal plantea fundamentalmente cuatro objetivos:
Esta primera entrega todavía germinal plantea fundamentalmente
cuatro objetivos:
o Institucionalizar la lucha contra la corrupción.
o Promover la ética pública.
o Garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión
pública.
o Fomentar la vigilancia ciudadana.
Para alcanzar esos objetivos estamos proponiendo algunas acciones concretas
y determinados instrumentos legales e institucionales y sobre todo destacamos
los criterios éticos y morales que deben inspirar y animar este
proceso de regeneración moral e institucional del país.
Nuestra propuesta, todavía incipiente, que sometemos a su digna
consideración, está abierta a las sugerencias e iniciativas
de las diferentes instituciones y actores de la sociedad civil. Para ello,
reclamamos el compromiso personal y colectivo de todas las fuerzas vivas
potenciando las reservas morales que todavía guarda nuestro pueblo
del Perú.
Mons. Miguel Irizar Campos, C.P.
25 de Abril de 2001