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Los Niños del Plomo en Le Monde |
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Monde publica sobre Los Niños del Plomo (8 ene 2005) En el Perú, una intoxicación por plomo pone en peligro la salud de los niños de un pueblo joven del Callao. LE MONDE | 07.01.05 | 14h47 Para informarse sobre todo el mundo, reciba nuestras alertas por correo electrónico. Suscríbase a Monde.fr Los resultados alcanzados son seis veces superiores al límite máximo de contaminación. Las actividades mineras contaminan después de años a los habitantes de Puerto Nuevo. La extrema precariedad de sus condiciones de vida empeoran los efectos del saturnismo. Lima, corresponsal. Los ojos brillantes de picardía, la sonrisa devastadora, Noemí, 5 años, mejilla amarilla. Si, la pequeña niña se asemeja a todos los niños de su edad, no crecerá seguramente como otros. En 2002, el Ministerio peruano de Salud la declaró oficialmente "envenenada por el plomo". Noemí tenía apenas 3 años y ya 59,9 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Cuando los resultados son superiores a 10, se habla de saturnismo o contaminación. Conocido por retrasar el desarrollo físico y mental, el plomo tiene efectos dramáticos en los niños menores de seis años. "Cuando el plomo alcanza el cerebro genera desordenes de comportamiento mental, problemas de comprensión y de lenguaje", explica Pedro Valencia, de la Dirección de Salud de Callao. Incrustado en los huesos, limita el crecimiento del niño. Su presencia en el cuerpo es entonces irreversible. Noemí es víctima del plomo desde su nacimiento. Su única culpa es haber nacido en Puerto Nuevo, pueblo joven del Callao, el primer puerto de Perú, donde 5.700 personas viven en una extrema precariedad. En 2001, Puerto Nuevo era decretada como "zona de emergencia sanitaria" por las autoridades. Dos años más tarde, se destacaban que un 95%, de los 543 niños menores de 6 años, tenían más de 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre. El origen de esta intoxicación masiva se encuentra en la actividad minera que colinda el pueblo joven. Durante décadas, se almacenaron los minerales de plomo al aire libre, sin preocupación de las consecuencias. Hasta la publicación de los chequeos médicos de los Chalacos, los habitantes de Callao, en 2001. Después todos parecen movilizarse para poner término a este "atentado al desarrollo de la persona humana ", como lo designa Iván Lanegra, Presidente de "La comisión para el medio ambiente del Callao". La reducción del número de depósitos y la protección de los edificios están en la orden del día. "No se quiere solamente limpiar la zona para que el plomo vuelva de nuevo, sino cambiar radicalmente las cosas ", asegura Lucia Ledesma, responsable de medio ambiente para la región. Cormin, la sociedad minera llegada a 2001, pretende romper con el sistema contaminante dejado en el lugar por su antecesor, una empresa de Estado, durante veintisiete años. Con todo, el aire y la tierra están llenas de partículas de plomo dejadas después del paso de 60.000 camiones de entrega al año sobre el camino que conecta la empresa al puerto. Se menciono un proyecto de fajas herméticas de transporte de minerales incluso oficialmente. Pero el expediente no avanzó. Durante este tiempo, los jóvenes Chalacos siguen jugando en la tierra contaminada. "En Puerto Nuevo, se trata de una intoxicación más digestiva que respiratoria" destaca Ricardo Calmet, encargado de una campaña de información en el pueblo joven. Jugando en la tierra, los niños comen plomo desde que son muy pequeños. Los padres de ellos tienen dificultades para luchar. "Para limitar la contaminación, es necesario lavarse frecuentemente. ¿Sin agua, cómo es posible?", se lamentan los habitantes, cuyo barrio no se sirvió nunca de agua. Una buena nutrición es esencial. Tres vasos de leche al día bastan para hacer bajar el nivel de plomo en la sangre y a protegerse de la contaminación. Pero pocas familias pueden permitírselo. "La mejor solución para la salud de esta gente sería trasladarse, pero se niegan de moverse", se lamenta el doctor Pedro Valencia, antes que la situación se desesperada. En varias reuniones, las autoridades propusieron nuevas casas, lejos el puerto. Todos se negaron. Todos también se opusieron al traslado de un colegio confinando a la vía de paso de los camiones. A riesgo de poner la salud de sus niños en gran peligro, eligieron permanecer a Puerto Nuevo para tener acceso al puerto y al pescado a muy bajo precio, como medio para alimentarse. Inés Miró, la madre de Noemí, tiene decidido permanecer y quedarse. Con otros 299 habitantes del pueblo joven; ella, en adelante, está representada por un bufete de abogados con el fin de demandar a Cormin ante la justicia y reclamar reparaciones financieras por los "daños irreversibles del plomo". El asunto podría sentar jurisprudencia. Por el momento, es Jefferson, su hijo de 8 años, el que más le preocupa. "No va bien en la escuela", reconoce Inés, con mirada triste. Yo los alimento bien, pero eso no basta. El mal se hace y nadie puede hacer nada por nuestros niños ya contaminados." Chrystelle Barbier Traducido
por: Raúl Hernán De La Cruz Sotomayor, especialmente para
www.callao.org Copias y reproducciones, de acuerdo a las reglas de www.callao.org
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Artículo
publicado en Le Monde el 7 de enero del 2005: Lima
correspondance Connu pour ralentir le développement physique et mental, le plomb a des effets dramatiques chez les enfants de moins de six ans. "Quand il atteint le cerveau, le plomb engendre des troubles comportementaux, des problèmes de compréhension et de langage, explique Pedro Valencia, de la direction de la santé de Callao. Incrusté dans les os, il limite la croissance de l'enfant. Sa présence dans le corps est alors irréversible." Noemi est victime du plomb depuis sa naissance. Son seul tort est d'être née à Puerto Nuevo, bidonville de Callao, le premier port du Pérou, où 5 700 personnes vivent dans une extrême précarité. En 2001, Puerto Nuevo était classé "zone d'urgence sanitaire" par les autorités. Deux ans plus tard, on relevait encore chez 95 % des 543 enfants de moins de 6 ans des taux de plus de 10 microgrammes de plomb par décilitre de sang. A l'origine de cette intoxication massive se trouve l'activité minière qui jouxte le bidonville. Pendant des décennies, des minéraux ont été entreposés à l'air libre, sans souci des conséquences. Jusqu'à la publication des bilans de santé des Chalacos, les habitants de Callao, en 2001. Depuis, tous semblent se mobiliser pour mettre un terme à cet "attentat au développement de la personne humaine", comme le désigne Ivan Lanegra, président de la commission pour l'environnement de Callao. La baisse du nombre d'entrepôts et la sécurisation des bâtiments sont à l'ordre du jour. "On ne veut pas seulement nettoyer la zone pour que le plomb revienne, mais changer radicalement les choses", assure Lucia Ledesma, responsable environnementale pour la région. La Cormin, la société minière arrivée en 2001, cherche à rompre avec le système polluant laissé en place par son prédécesseur, une entreprise d'Etat, pendant vingt-sept ans. Pourtant, l'air et la terre sont toujours emplis de particules de plomb laissées après le passage de 60 000 camions de livraison par an sur le chemin de terre qui relie l'entreprise au port. Un projet de caisses hermétiques de transport des minéraux a été évoqué, et même officiellement soutenu. Mais le dossier n'a pas avancé. Pendant ce temps, les jeunes Chalacos continuent à jouer dans la terre contaminée. "A Puerto Nuevo, il s'agit d'une intoxication plus digestive que respiratoire, souligne Ricardo Calmet, chargé d'une campagne d'information dans le bidonville. En jouant dans la terre, les enfants mangent du plomb depuis qu'ils sont tout petits." Les parents, eux, ont du mal à lutter. "Pour limiter la pollution, il faut se laver fréquemment. Sans eau, comment est-ce possible ?", s'insurgent les habitants, dont le quartier n'a jamais été desservi en eau. Une bonne nutrition est essentielle. Trois verres de lait par jour suffisent à faire baisser le taux de plomb dans le sang et à se protéger de la pollution. Mais peu de familles peuvent se le permettre. "La meilleure solution pour la santé de ces gens serait de déménager, mais ils refusent de bouger", regrette le docteur Pedro Valencia, que la situation désespère. A plusieurs reprises, les autorités ont proposé de nouvelles maisons, loin du port. Tous ont refusé. Tous aussi se sont opposés au déménagement d'un collège bordant la route de passage des camions. Au risque de mettre la santé de leurs enfants en grand danger, ils ont choisi de rester à Puerto Nuevo pour avoir accès au port et au poisson à très bas prix, seul moyen de se nourrir. Iñes Miro, la mère de Noemi, a décidé de rester et de se battre. Avec 299 autres habitants du bidonville, elle est désormais représentée par un cabinet d'avocats afin d'attaquer Cormin en justice et de réclamer des réparations financières pour les "dommages irréversibles du plomb". L'affaire pourrait faire jurisprudence. Pour le moment, c'est surtout Jefferson, son fils de 8 ans, qui la préoccupe. "Je vois bien qu'il ne suit plus à l'école, reconnaît Iñes, le regard triste. Je le nourris bien, mais cela ne suffit pas. Le mal est fait, et personne ne peut plus rien pour nos enfants déjà contaminés." Chrystelle Barbier |
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