Cuando le
preguntaban a Alejandro Granda de qué nacionalidad era, el contestaba
"soy del Callao", asi mostraba su identificación con
la patria chica, con su querido puerto.
Sólo un ambiente cultural como el que se vivía en el Puerto
en su 900 dorado, pudo alimentar las innatas condiciones de una de las
más grandes glorias de la lírica mundial y sin lugar a dudas, el mejor
tenor que haya producido América. Alejandro Granda nació el 26 de noviembre
de 1898 en la calle Puno del Callao. Mulato, hijo de don Vicente Granda
y doña Teresa Relayza.
Contratado en 1917 como 'donkey man' en el buque escuela-factoría 'Vulcano'
y trabajando luego en el 'Urubamba', el 'Huallaga' y el 'Mantaro' hasta
alcanzar el grado de cuarto maquinista de la Marina Mercante del Perú,
Granda se hizo conocido en el puerto porque le gustaba cantar en cubierta.
Un día lo escuchó el capitán Manuel Torrico, quien admirado le dijo: 'muchacho,
tienes una gran voz ... yo voy a ayudarte'. Lo llevó donde Rosa Mercedes
Ayarza y ella donde el Presidente Leguía, quien lo becó de inmediato a
Italia.
El Viaje a Italia
Esto es lo que dejó escrito el artista: "Salí de la nada y llegué a la
cumbre cuando menos lo pensaba. Dios me premió con una hermosa voz y me
llevó de las cantinas del Callao a la Scala de Milán. Me sacó de maquinista
de un barco mercante para convertirme en tenor lírico. Él me extrajo del
Perú para triunfar en Italia'.En 1924 inició sus estudios en el Conservatorio
Giuseppe Verdi de Milán y luego estudió con el maestro Alfredo Cecchi.
En 1927 debutó en el Teatro Sociale di Como con la ópera 'Iris' de Mascagni.
El éxito no se hizo esperar. El gran director Arturo Toscanini lo escogió
para el estreno mundial de los 'Salmos Húngaros' de Zoltán Kodály en la
Scala, 1928, el mismo año vendría 'Tosca' de Puccini y luego 'Rigoletto'
de Verdi con Carlo Galeffi y Toti Dal Monte, nuevamente bajo la dirección
de Toscanini.Trabajaría con la Scala de Milán hasta mediados de la década
del 40 y los teatros más importantes de Europa y América toda se rendirían
ante el excelso arte del chalaco.
Regreso triunfante al Perú Vino
triunfante a Lima en 1932 y ofreció varias presentaciones. Volvería en
1946 para brindar apoteósicos recitales en el Teatro Municipal del Callao,
de Lima y en el Teatro Segura. Su voz de gran belleza y de agudos luminosos
le permitió cantar al lado de figuras imperecederas de la lírica como
Riccardo Stracciari, Bianca Scacciati, Gina Cigna, Maria Caniglia, Tito
Gobbi, Licia Albanese, Renata Tebaldi, Magda Olivero, Carlo Galeffi y
Lili Pons, entre otras.Abarcando un repertorio de 42 óperas, entre las
que destacan 'Tosca', 'Carmen', 'Rigoletto', 'La Gioconda', 'Turandot',
'Aida', 'Andrea Chenier', 'Cavalleria Rusticana', 'La Traviata', 'La Boheme',
'Los Maestros Cantores...', así como óperas modernas del estilo de 'Dafni'
de Mulé, que también interpretó en la Scala. Fue escogido por los más
importantes compositores para cantar sus obras y ser, a su vez, dirigido
por ellos. Tal es el caso de Pietro Mascagni y de Riccardo Zandonai".
Texto: Miguel Molinari y Aurelio Loret de Mola.
Colección de CD's 'Homenaje al Teatro Municipal'. Diario La República
Triunfos
y amores de un muchacho de puerto También en los puertos - sobre todo en los puertos - se ama la música
universal, de Nápoles, de Estocolmo, de Tokio o de Buenos Aires. Los marineros
traen canciones, discos, nostalgias de tierras lejanas, de mujeres hermosas
de todos los climas. Y es natural entonces que un muchacho estibador,
sensible, con alma de artista, comience a sentir el embrujo de canciones
que dicen de amor y belleza. Además, en el puerto le persiguen las melodías
de un tenor cuyo nombre está en todos los labios, cuya voz está en todos
esos discos que se escuchan en gramófonos enormes con trompa. Incluso
cuando en las cantinas chalacas canta un vals, no puede él evitar el recuerdo,
la fascinación de esa gran voz.Más tarde, cuando comience a viajar, aliviará
el tedio de la ruta cantando en voz alta, poderosa, melódica, las arias
que ha aprendido de Enrico Caruso. En 1924, mientras trabaja como ingeniero
del 'Huallaga', tiene la suerte de encontrar a un jefe militar melómano
y amigo de melómanos, el Coronel Manuel Torrico, quien junto al contador
del barco, un señor Bryce, se convierte en su admirador. Un día de 1924,
los dos entusiastas lo presentan a la señora Rosa Mercedes Ayarza de
Morales, gran música dedicada al folklore.Ese día, el muchacho (de
25 años) habrá encontrado a su hada madrina, quien le daría el empujón
inicial que habría de llevarlo a conocer las tierras que soñó y a unir
su destino sentimental con una de esas mujeres europeas que había escuchado
evocar por marineros enamorados de novias remotas.
Beca para
Italia
Apenas doña Rosa Mercedes le escuchó cantar 'E Lucevan le stelle',
el aria famosa de la 'Tosca' de Puccini, no le cupo duda de que estaba
ante un tenor destinado a la fama que necesitaba educación musical: ayuda,
en una palabra. Por eso le pidió que regresara al día siguiente, pues
iba a meditar sobre la mejor manera de labrarle un porvenir.Lo que imaginó
la señora estaba llamado a tener consecuencias: invitó al entonces Presidente
de la Cámara de Diputados, Foción Mariátegui, a los ministros de Guerra
y de Relaciones Exteriores, Alfredo Piedra y César Elguera, y al Embajador
de Italia, señor Agnoli, con miras a propiciar un viaje de estudios a
Italia. Todos estuvieron de acuerdo en que había que hablar con el Presidente
Leguía para ayudar a este mozo extraordinario, trabajador, que era el
sustento de su familia.No hubo gran distancia del dicho al hecho. El Presidente
invitó a la señora Rosa Mercedes, a su esposo don Benjamín y a los otros
caballeros. Después de escuchar al cantante, su frase fue categórica:
'El Perú tiene su Caruso'. Inmediatamente dispuso que el Ministerio de
relaciones Exteriores facilitara el viaje del joven a Italia, y solucionó
el problema económico familiar encargando al señor Morales para que entregara
una pensión al hogar de los Granda.Antes de la partida, la señora Ayarza
de Morales organizó un concierto de despedida en el Teatro Municipal.
Lima se había apasionado con el descubrimiento. Todos los días, la casa
de la familia Morales Ayarza, en la plazuela de San Sebastián, se veía
literalmente repleta por una multitud de fanáticos que deseaban escuchar
los ensayos. Tanta era la ansiedad del público espontáneo que hasta llenaba
el patio y se colaba por la sala. La dueña de casa tuvo entonces que solicitar
el apoyo del comisario del sector, hermano del Coronel Torrico, paa que
le garantizara por lo menos la inviolabilidad de la sala.El debut del
artista fue lo que todos ya esperaban. Un éxito rotundo. La multitud lo
sacó en hombros, como si fuera un diestro genial después de una gran faena.
En la
Scala de Milán Granda comenzó su carrera artística en Italia, en 1926, cantando en
el Teatro Sociale Como la ópera 'Iris'. Los italianos se deleitaban escuchándolo:
'ahora tenemos al sucesor de Caruso', decían. Más tarde, la consagratoria
Scala de Milán lo tuvo entre sus astros. Lucrecia Sarria, la conocida
soprano peruana, que entonces estudiaba canto en Italia, recuerda haberlo
visto actuar al lado de Aureliano Pertile, Tito Schipa y Toti Dal Monte.
Más de una vez, fue acompañado por la orquesta dirigida por el maestro
Arturo Toscanini.No tardó el Presidente Leguía en condecorarlo con la
Orden de Ayacucho. Poco después, el dictador Mussolini le confirió el
título de Caballero de la Corona Italiana.En 1932 regresó al Perú para
una serie de conciertos que resultaron clamorosos triunfos. Por ese entonces,
la fama de nuestro cantante ya era grande en Suramérica. Precisamente
el mismo año, el empresario italiano Salvatti lo llamó a Chile para que
cantase la ópera 'Cármen' en una función de gala con motivo de las Fiestas
Patrias chilenas.En sus viajes artísticos por toda Europa, el tenor ganó
cada día mayor celebridad, pero nunca perdió su sencillez de hombre bueno.
En todas partes se presentaba como tenor peruano y chalaco. Aprendió inglés
, francés e italiano; pero jamás el feo vicio de la ingratitud. En su
primer retorno al Perú trajo a su madrina musical una fina joya que había
adquirido con sus primeros honorarios como cantante, y que había mantenido
guardada en un Banco de Italia.Quizá el triunfo mayor de Granda fue conquistar
el amor de Dory Marinelli, una soprano ligera italo-norteamericana con
larga actuación en Italia y en los Estados Unidos, que lo acompañó en
su primer retorno a Lima.
Últimos
años
Cuando terminó la segunda guerra mundial, Granda atravesó un momento difícil.
Su casa propia de Milán había sido destruida por los bombardeos. Su voz
ya no era la misma de antes. Entonces se consagró a la enseñanza de cantantes
en Estados Unidos y en México.Lucrecia Sarria, que en Europa compartió
durante siete años su carrera musical, recuerda que él siempre había soñado
con fundar una gran Escuela de Ópera del Perú . Desgraciadamente, sólo
en los últimos meses se le dio un nombramiento para el Conservatorio Nacional
de Música. Hasta mediados de año, había estado enseñando su especialidad
en Norteamérica. Granda, sin embargo, hombre fuerte, sano y alegre, nunca
tuvo un palabra de amargura sobre estas cosas. Los que cantan hermosamente
no tiene fibras para el rencor.La muerte, en forma de ataque cerebral,
le sorprendió la tarde del lunes 3 de setiembre de 1962. Murió
en la casa de su familia en el Jr Supe en Santa Marina, distrito del Callao.
Granda
y el Callao
Es realmente muy poco lo que ha hecho el Callao por aprovechar la dimensión
de este amante de su puerto y figura señera digna de imitación
por la juventud. El Teatro Municipal lleva su nombre, a pesar que algunos
funcionarios municipales y de la CTAR Callao, lo siguen llamando Teatro
de La Comedia, hoy semidestruido y saqueado es un pobre homenaje a la
dimensión de este tenor, "el más grande de América".
Agradecemos a la Sra Carmen Angobaldo Granda, sobrina y a Miguel
Molinari Portal, promotor cultural y conductor del programa radial 'Antología
Lírica' que se transmite por Radio Filarmonía, por facilitarnos esta
valiosa información sobre Alejandro Granda.