Nace CASAMAR

  Historia del Callao

Intentando darle continuidad al errático esfuerzo por construir la historia del Callao, nace CASAMAR según uno de sus directivos, el Sociólogo Hernán Fernández colaborador de Callao.org, para "propender a la afirmación de la identidad local mediante el estudio y reconocimiento de nuestros valores históricos." Objetivos con los que coincidimos plenamente y que desde nuestra fundación los convertimos en una declaración de principios.
El viernes 2 de abril en el auditorio de la Defensoría del Pueblo del Callao, se desarrolló la ceremonia de juramentación de la primera directiva presidida por la historiadora chalaca Beatriz Suarez Moncada, e integrada por Herminio Vega y Hernán Fernández.

En la ocasión Víctor Hugo Velazquez leyó un texto enviado especialmente por el historiador chalaco Francisco Quiroz Chueca. El que a continuación trascribimos:

"Valores históricos del Callao"
Francisco Quiroz Chueca
Historiador

Una de las peculiaridades de la trayectoria histórica del Callao es que su desenvolvimiento ha sido mayormente espontáneo. Creado principalmente debido a funciones portuarias, el Callao no ha tenido una experiencia similar a la de otras ciudades peruanas. El paralelo se hace sobre todo pensando en Lima. Mientras la capital virreinal tenía una existencia artificial por su ubicación alejada de los centros más importantes en lo demográfico y económico, el Callao surgió obedeciendo a una necesidad concreta: servir de puerto a esa urbe político administrativa. No tuvo una fundación formal y, más bien, la presencia de una población considerable en el puerto contradecía en cierta medida los designios de seguridad y jurisdicción de Lima. No obstante los numerosos intentos limeños de restringir el asentamiento de personas y actividades en el puerto, éste pudo sobreponerse y rápidamente se convirtió en una ciudad-puerto pujante a lo largo de los tiempos coloniales.

Durante el siglo XVII el Callao pasó a ser un puerto realengo. Es decir, las autoridades coloniales sustrajeron al Callao de la dependencia jurisdiccional del cabildo limeño. El pretexto más esgrimido fue la defensa del virreinato (y su capital) ante las incursiones de piratas y corsarios. El Callao fue fortificado y pasó a depender más bien de las autoridades reales. Con esto ganó una autonomía propia que mantuvo e incrementó a través de sus propias instituciones. Esta nueva situación resultó contraria a los intereses tanto del cabildo limeño como del gobierno colonial. Sin embargo, la autonomía real del Callao fue mayor que la que le correspondía. Esto resultaba del relajamiento que predominó como característica política en tiempos de los austrias desde al menos mediados del siglo XVII y se prolongó hasta que a lo largo del siglo XVIII se fueron estableciendo las reformas llamadas borbónicas.

Precisamente, una de las reformas de los borbones consistió en la reformulación del poder en las colonias. En especial, eliminar la corrupción (a cuya sombra se tenía la autonomía de facto en los pueblos y ciudades americanas). Con la destrucción física del puerto en el terremoto y maremoto de octubre de 1746, cambió su status. Las autoridades coloniales pretendieron transformar el puerto en una zona exclusivamente dedicada a la defensa. La población civil (comerciantes, productores, pescadores) debía trasladarse a una villa especialmente creada: Bellavista.

No duró mucho la restricción. Pronto, la "playa" volvió a poblarse. La obstinación de los chalacos hizo posible su resurgimiento al lado de la nueva fortaleza. No podía ser de otra manera toda vez que Bellavista era a todas luces inapropiada para sustituir al puerto. Las barracas temporales se hicieron permanentes y hacia 1780 había reaparecido el Callao. Hacia fines del XVIII dos nuevos intentos de borrar del mapa al Callao fracasaron. Tan pronto le fue posible, la población volvió a ocupar la parte del litoral.

Así las cosas, la independencia encontró una ciudad formada pero con un status no definido. Inclusive, la propiedad de los terrenos fue motivo de controversias hasta que en la década de 1830 se regularizó. La participación del Callao en las jornadas por la independencia le proporcionó carta de ciudadanía de facto. Las guerras intestinas entre los numerosos caudillos en la azarosa vida republicana inicial hizo el resto. El Callao era una plaza militar de primer orden para el dominio en Lima. Ya lo había demostrado Ramón Rodil en su afán realista de 1824-1826 cuando resistió el sitio de las fuerzas patriotas.

El papel del comercio en el proyecto de la Confederación Peruano Boliviana hizo del puerto un punto neurálgico para el desarrollo del país. Incidió también la rivalidad de su promotor Andrés Santa Cruz con respecto a la aristocrática Lima. En 1836 recuperó su autonomía política con la creación de la Provincia Litoral del Callao que abarcaba la costa hasta el balneario de Chorrillos. Fenecida la confederación, en 1839 la provincia litoral se redujo sustantivamente.

En 1857 se le concedió el título de Constitucional por la cerrada defensa que los artesanos, gente de mar, trabajadores portuarios y el pueblo chalaco en general hicieran del gobierno constitucional del general Ramón Castilla el 22 de abril de ese año. Contaba entonces con dos distritos: el Callao y Bellavista.

Este nuevo status corresponde a las nuevas funciones que adquirió el Callao en tiempos del boom exportador de huano. El Callao no solamente ratificó su calidad de primer puerto exportador e importador. A partir de los años 60 del siglo pasado, la población del Callao había sufrido cambios que la llevaron de albergar menos de diez mil almas a fines de 1858, a 34,492 en 1876. El desarrollo del puerto con la dársena que en ese entonces entraba en servicios, hizo del Callao un importante polo de atracción poblacional. Evidentemente, entre la población predominó el sexo masculino. A la par que en población, el Callao se extendió en territorio. En ese tiempo es que empezaba la expansión hacia el este (Bellavista) y oeste (Chucuito y la Punta).

A la par del incremento poblacional y territorial, el Callao iba adquiriendo una fisonomía nueva. Diversificó sus actividades económicas con la aparición de diversas fábricas industriales. El actual barrio de Chucuito y el extremo norte de la población fueron los escenarios originarios donde se configuraba la zona industrial del Callao. En 1877 Mariano Felipe Paz Soldán informaba en sus estudios de geografía peruana que "hay en este puerto varias fábricas en gran escala para refinar azúcar, aserrar madera, fabricar puertas, etc., varias fundiciones de fierros y muchos otros establecimientos industriales. El Callao está llamado a competir con Lima". De la Punta decía que era un lugar de baños, "a la orilla del mar tiene excelentes casas y hoteles que prestan comodidad. Está unido a la ciudad del Callao por un pequeño ferrocarril".

Para el Callao, la guerra del Pacífico fue desastrosa. Cierto es que la población no fue incendiada como los balnearios sureños de Lima, pero la destrucción alcanzó niveles altísimos teniendo en cuenta la importancia del Callao como puerto principal del país. Objeto de bombardeos y saqueos, el Callao recibió duros golpes materiales durante el conflicto. Parte de su población fue obligada a abandonar sus residencias, en tanto que el resto tuvo que soportar al ejército de ocupación hasta el mes de octubre de 1883 en que los chilenos se retiraron.

No obstante ello, el propio poblador supo reconstruir su ciudad. Ya en 1905 contaba con una población de 32,298 habitantes. No se tenían en cuenta las 1581 personas en tránsito, sobre todo marineros extranjeros. Era una población joven. La cuarta parte no pasaba de nueve años, el 45 % tenía menos de veinte y el 65 % no llegaba a treinta años de edad. Menos del 2 % residía en el campo. Los índices de alfabetización eran elevados. Entre los chalacos de seis años arriba más de 19,000 leían, en tanto que sólo 5,000 no sabían ni leer ni escribir. Interesante dato era que la mitad de los alfabetos estaba compuesta por mujeres; algo inusual en aquel entonces.

El puerto veía limitadas sus posibilidades de expansión hacia el noreste, este y sudeste por las chacras y los pantanos ahí existentes. Hasta hace poco los barrios de barlovento (jr. Loreto y adyacentes) presentaban filtraciones de agua que hacían recordar los pantanos que ahí había. El Callao no llegaba a la actual avenida República de Panamá. La Punta estaba ya delineada pero no habitada. El avance de la ciudad era hacia el encuentro con Bellavista siguiendo los caminos carretero y de hierro (hoy avenidas Sáenz Peña y Buenos Aires). Un escollo en esta expansión fue el pueblo de pescadores que se instaló entre estas dos vías desde fines del siglo XVIII. Los pescadores --la mayoría indígena-- habían sido llevados ahí desde el antiguo pueblo de Pitipiti cuando el Callao se reconstruyó luego del maremoto de 1746. Hacia fines del siglo pasado las autoridades desalojaron a las familias pescadoras, esos terrenos fueron puestos en venta. Un aviso en el periódico anunciaba el remate de 1,753 varas cuadradas en Bellavista del lugar conocido como el antiguo pueblo de indios (1885).

De 62,000 habitantes registrados en 1940, el Callao pasó a albergar 213,196 almas en 1961. Es decir, su población se triplicó en ese lapso. En 1981 fueron censados 443,413 habitantes, con lo cual en otros veinte años la variación fue del duplo. Las estimaciones que se manejan para 1990 arrojan datos que hacen ascender a 651,121 la cantidad de pobladores que tiene el Callao.

Este Callao actual, que ha perdido casi la totalidad de las tierras cultivadas y cultivables por el avance urbanístico experimentado, ya no es la "antesala" de la capital, como se le consideraba durante mucho tiempo. Representa, más bien, una ciudad-puerto en sí mismo, a la par que integrado a Lima Metropolitana en diversos aspectos.

En los últimos cuarenta años el Callao ha venido perdiendo sus limitados campos de cultivo. Desaparecieron fundos enteros para dar paso a zonas industriales, modernas urbanizaciones e, incluso, a las instalaciones del aeropuerto internacional Jorge Chávez. Entre los fundos que echamos de menos se cuentan San Agustín, Bocanegra, Taboada, Chacra Alta, Aguilar y otros más pequeños.

El origen de esta explosión demográfica y urbanística puede encontrarse en el considerable atractivo que presenta el Callao precisamente desde aquellos tiempos señalados. Un atractivo que ha posibilitado que nuestra provincia se convierta en uno de los polos más importantes de las migraciones internas de las últimas décadas. Se trata del proceso de industrialización que concentró aquí buena parte de las actividades transformativas del país, poniendo al Callao a la altura de las principales urbes de Sudamérica, como Río de Janeiro, Sao Pablo, Buenos Aires y Santiago.

En los años 50 y 60 se instalaron más de cuatrocientas fábricas creándose así un parque industrial jamás visto en el país. Destaca la industria alimenticia con grandes molinos y fábricas de aceite, levadura, bebidas y alimentos envasados; igualmente importante resulta la producción de harina de pescado, la industria textil, de calzado, metalmecánica, fundición, química básica, fertilizantes, vidrio, neumáticos y plásticos, refinería de petróleo y lubricantes, construcciones y reparaciones navales, etc.

A la par que disminuía el sector primario (agricultura y pesca) --salvo lo concerniente a la crianza porcina--, aumentó considerablemente el rubro de servicios: comercio en todos sus niveles, finanzas, sanidad, educación, etc. Al lado de las grandes plantas industriales, existen numerosos talleres pequeños dedicados a un sinnúmero de oficios industriales; así como coexisten grandes centros comerciales y pequeñas tiendas.

Se calcula que al Callao corresponde no menos del 20% del valor bruto de la industria transformativa nacional en la actualidad. Por el Callao, de otro lado, se efectúa más del 34% del valor de las exportaciones peruanas y alrededor del 80% del de las importaciones. Para estas actividades la provincia cuenta con los dos principales puertos del país, el marítimo y el aéreo, ambos ya con serios problemas debido a que el tráfico de carga y pasajeros excede sustantivamente a su capacidad.

El sitial que ostenta el Callao en el contexto del país es fruto directo de su tradición histórica, de su peso en la economía, la sociedad, la cultura y los deportes.

Este legado es el que debe servir de enseña ahora que la provincia es una región autónoma. La tarea de mantener e incrementar el espíritu cívico de los chalacos debe ser una tarea coordinada entre las autoridades, instituciones y la sociedad civil. Le toca al Gobierno Regional, las Municipalidades, la Universidad, el Instituto Nacional de Cultura, la Prefectura así como a las instituciones y personalidades aunar esfuerzos para que el Callao pueda desarrollar sus aspectos culturales que son la base de la formación integral del nuevo poblador chalaco que todos queremos. Es aquí donde veo la labor que debe desempeñar la flamante institución cultural CasaMar, a la que saludo y dedico mis mejores deseos por ahora desde lejos pues me encuentro concluyendo mis estudios doctorales en Nueva York.

Chin Pum, Callao!





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Victor Hugo Velazquez lee texto de Francisco Quiroz